lunes, 11 de mayo de 2009

Músicos

A vueltas con los viajes, me ha dado por pensar que algunas veces llevamos al cuerpo a visitar lugares y nos vamos a otras tierras pertrechados de todo tipo de artilugios para captar las nuevas visiones, pero al cerrar la puerta de nuestro paisaje cotidiano nos dejamos el alma colgada en el perchero y nos olvidamos de ponerla en la mochila.

Paseamos una mirada vacía por otras geografías, conocemos otras gentes, charlamos, visitamos lugares y monumentos y, cuando regresamos, que todos los viajes tienen ida y vuelta, incluso el viaje con mayúsculas, el viaje del nacer-morir, nos damos cuenta de que la mirada del alma no estuvo con nosotros.

Esos viajes se pueden colocar en el baúl de los olvidos y dejarlos allí encerrados, parecen viajes inútiles, puedes hacerlo, claro que puedes, pero es posible que ellos intenten salir y que te hagan visitas mientras duermes.

Cuando sucede, creo que debe tener algún sentido y decido volver a viajarlos con el alma que ese día tenga puesta, aunque el viaje sea un viaje del revés pues él es el sujeto activo y mi cuerpo el que es viajado. Siempre me pareció un milagro la voz pasiva, no he llegado aún a averiguar la razón.

Entonces les abro la puerta y les permito que vuelvan a pasar ante los ojos abiertos y que revivan los colores, los olores, que se plasmen nuevamente los paisajes, que se oigan los sonidos, que el viaje que escondí se convierta en vida de "a diario".

Salió de su baúl esta noche un viaje que hice por Rumanía en 1986, lo aparté por triste, por gris, no quería quedarme con aquel lugar sin risas.

Mi personaje de entonces era una activa militante de izquierdas y aunque había recordado llevarme el alma en la maleta, no la saqué de su bolsa, temerosa y también irritada ante lo que me parecía un golpe brutal a mis creencias. Recuerdo haberles comentado a los compañeros a la vuelta "si esto es la revolución, yo me borro".

Por suerte aún conservo un viejo aparato para reproducir los discos de vinilo y se me ocurre amenizarme el desayuno con unos discos que me traje de aquel olvidado paseo, discos que tienen el triple de espesor que los que aquí se usaban en aquel tiempo. Suena un tal Radu Simion, dice la portada que es "un virtuoso de la flauta de Pan".

Con su música recupero algo hermoso, recupero mi sorpresa ante el hecho de que la miseria y la tristeza se convertían en arte cualquier noche, en cualquier esquina. Un país de músicos, de violinistas, acordeonistas, flautistas... gentes que me parecían sombras durante el día, al llegar la noche se reunían alrededor de una mesa en la que no había nada que comer, nada que beber y tocaban, cantaban, se transformaban de forma mágica y su música espantaba los miedos.


Aquel país del miedo, de los días ensombrecidos por el rumor de la estupidez humana suena hoy en mi casa y me sabe diferente, me sabe al reino de los violinistas. Los hombres tristes y oscuros se convierten en "hombres de los bosques, puro instinto, libres y orgullosos, saliendo de las jaulas para volver a sentirse herederos de la tierra".


































2 comentarios:

Blas Fernández Tomé dijo...

Si después de leer 'Toma texto' como una venganza, leo este 'post' que es todo 'tira tus creencias a la mierda', pues, nada, que si hay un insatisfecho/a en este mundo ese/a eres tú. ¡So joía!.
- Me niego a colocar un viaje en el baúl de los olvidos.
- ¿Pero, y si fue acompañado?.
- Tampoco. Tampoco lo colocaría en el baúl de los olvidos, sino en el de los desperdiciados.¡Que es peor!.
Lo estás pasando mal, pero lo tienes que pasar. Las batallas se pierden peleando (o se ganan).
Un beso, guapa [Para que veas que te visito en este 'blog' abandonado].

amelche dijo...

Yo también he visitado este blog abandonado, como dice el comentarista anterior.

Ánimo y que vuelvas a escribir pronto.