Mostrando entradas con la etiqueta Mujeres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mujeres. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de junio de 2010

La mesa de...

La pongo de lejos, para que no se vea la guarrería, pero... es que no tengo una mesa, tengo las tres que se ven ahí y otras tres detrás, por esas cosas raras de la vida.
El lugar desde que el que escribo, cuando no lo hago en el cuaderno (abajo hay otras... no sé cuantas) era en sus tiempos un "andar"(andana en valencià), utilizado para cultivar la seda. En la rehabilitación del caserón pusimos en él la biblioteca, abrimos nuevos balcones y le dimos salida a la plaza y la terraza, nada más que ochenta metros tiene, así que ¿qué hay en ella? Quien quiera que venga y busque, hasta colecciones de cromos antiguas hay, porque antes que yo, vivió aquí un pintor que era el que hacía los dibujos para los álbumes "Maga", libros, cachivaches… “titos” decía alguien muy querido.
¡Esto es un museo! dicen las amigas. Esto es un matapersonas, digo yo, pero en casi siete años de vivir aquí sola, me he convertido en una especie de "solterón perfecto", todo manga por hombro y bien revuelto, con tanta mesa puedo dejar papeles, apuntes y vajilla...desperdigado por encima y aún así... para encontrar el móvil, tengo que llamarme desde el fijo.
Lo siento, chicas, pero es a lo que llego, así y todo creo que da una idea ¿no? Vale, una de un poco más cerca, ahora recojo las tazas del desayuno y que conste que el whisky es para la noche...
Y, algo que nunca falta a mi lado: Nel, que se asoma para saludar.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Diarios de damas...


Una amiga, sabedora de mi afición a buscar historias de mujeres, me regaló este libro:





“Diarios de damas de la corte Heian”.

En él, Izumi Shikibu, Murasaki Shikibu y la autora anónima del "diario de Sarashina", que vivieron entre los siglos X y XI en la corte imperial japonesa me llevan de paseo por un mundo totalmente desconocido para mí hasta ahora.

Tres mujeres muy cultas que refieren sus días, los vestidos, los aromas, los colores, las costumbres, los amores y las intrigas palaciegas. Narradoras únicas de un mundo refinado y deslumbrante, muy lejos de la oscuridad del mundo occidental en esos siglos.

Me revelan una forma de cortejo singular: el caballero escribe un poema a la dama y espera que ella le conteste. Si ella contesta, el caballero la visita de noche y se queda con ella hasta el amanecer. Si él volvía a escribirle, la dama organizaba un banquete para presentarlo a la familia.

Y son estos vaivenes, de poemas y visitas, de mensajes que se deslizan con la caída del abanico, los que llenan esos diarios y, junto con ellos, mano a mano, las eternas guerras por el poder y el amor.

Tu imagen permanecerá

entre lágrimas de añoranza

mucho tiempo después

de que el otoño haya pasado.


Eso le escribe la dama al caballero que hace tiempo que no aparece y consigue que él, callado hace semanas, le conteste y se vuelva a reanudar el trasiego de mensajes y visitas.

A través de esos poemas se descubre el ir y venir de favoritos del emperador, los viajes de los funcionarios que son alejados de la corte, los diferentes paisajes, las estaciones.

Se nos permite acercarnos a las fiestas, a los jardines, a las comidas y hasta se puede escuchar el crujir de la seda de los kimonos en el país del sol naciente en el siglo X.

Los tres diarios son interesantes sobre todo por tratarse de textos escritos por mujeres en el siglo X pero a mi, personalmente, me ha encantado sobremanera el "Diario de Sarashina", posiblemente por ser un texto en el que la autora narra sus viajes y su búsqueda de nuevas lecturas desde una perspectiva intimista, ya sea contando asaltos de bandidos, sueños o tristezas.

domingo, 21 de junio de 2009

Berenguela de Navarra

Se me ocurrió pensar en ella a causa de una cancioncilla que cantábamos de niñas jugando al corro y me puse a indagar sobre su historia, a falta de interés por hacer otra cosa.


Poco he encontrado que se pueda asegurar cierto, como no sea en relación con los personajes importantes que la rodeaban. Cierto es que fue reina de Inglaterra aunque parece ser que nunca pisó esa tierra, cierto también que fue esposa ni más ni menos que de Ricardo Corazón de León.


Su propia suegra, la gran Leonor, vieja y achacosa pero con aquel genio que la hizo protagonista de una gran película, vino a buscarla a Navarra para llevarla al casamiento, se ve que el interés era grande y no tenía intención de dejar que se le perdiera en el trayecto y es que Leonor tuvo una participación en la política de la época tan intensa como le fue permitido.


Hubo de ser una gran aventura para la hija de Sancho el Sabio de Navarra el hacer el viaje hasta Chipre, un viaje largo, acompañada por gentes que a saber si hablarían su idioma, con costumbres diferentes. Tras varios intentos de pillar a Ricardo entre guerra y guerra, fue Chipre el lugar en el que celebrarían los esponsales y dicen que el barco en el que viajaban, Berenguela y alguien más que no sé si es Leonor o si es la princesa Juana, fue apresado y ella fue tomada como rehén, dicen también que Ricardo pagó el rescate y algo más... su coronación como rey de Chipre.


Esto suena a novela pero bien pudiera ser verdad.


Se sabe que el matrimonio tuvo una convivencia breve, en éso si que están de acuerdo todos los que han estudiado el tema y coinciden en las razones: que él estuvo muy ocupado en la Tercera Cruzada y que si tal, que si cual ,que si era homosexual, cosa que, cierta o no, ha dado para más gastar tinta en escribir que lo gastado en contar lo que la reina vivió.


Berenguela, entretanto el rey reinaba, peleaba y daba pié a todo lo que sobre él se ha escrito, vivió en Francia y durante un pequeño tiempo en Palestina, cosa que tampoco es para dejar en el olvido. Hay coincidencia en que nunca volvió a Navarra y tampoco pisó Inglaterra, pequeño detalle por el que, cuentan, aún es recordada allí.


Tampoco sabemos nada sobre su ilustración, quizás no supiera leer ni escribir, que en aquellos tiempos la educación se reservaba en exclusiva a algunos varones, pero... cuántas cosas nos podría haber contado. Si que sabemos que cuando se casó ya no era muy joven, seguramente unos veintinueve años, que en la época era edad bien tardía para el matrimonio. Al parecer desde que se concertó su matrimonio hasta que se celebró hubo mucho trasiego para romper el compromiso previo que Ricardo tenía con Aelis de Francia y que no era del agrado de Leonor y, para colmo, el rey guerrero siempre andaba por esos mundos de dios, espada en ristre.


Le supongo a Berenguela una vida digna de ser contada, seguramente podría dar para tantas novelas o más como se han escrito sobre nuestra Juana, para guiones de películas, pero Berenguela es una de tantas olvidadas de la historia .


Pasé por la facultad de Historia y nunca me hablaron de ella, recuerdo que era una mujer la encargada de la asignatura de Historia Medieval, Berenguela vivió en el siglo XII, pero a pesar de que ese tiempo es aburrido de explicar, monjes y soldados luchando contra el moro, reyes de pequeños reinos queriendo ensanchar sus posesiones y poco más, que no están Napoleon ni Lenin, ni la revuelta del té.... o esos asuntillos que en otras fases dan tanto juego al "enseñante", pues con todo y con éso, a la buena mujer no se le ocurrió adornar el curso contándonos algo sobre la historia de Berenguela, hubiera sido para mi mucho más ilustrativo el conocer que a pesar de haber vivido una vida tan interesante no sabemos a ciencia cierta algo tan simple como si realmente era la flor hermosa que Leonor buscaba para conseguir alejar a Ricardo de su inclinación por los muchachos.




Para quien desee información exhaustiva al respecto, recomiendo la página http://berengueladenavarra.blogspot.com/ de D. Manuel Sagastibelza.



martes, 2 de junio de 2009

Leonor de Arborea








Aparco durante un ratito el diario del “viaje mochilero por China en el 98”, ya seguiremos con la etapa de Xian en otro momento, para contar algo sobre ese personaje que tanto ha llamado mi atención en el paseo por Cerdeña (algo me une a las mujeres del XIII-XIV, me persiguen o las persigo): Leonor de Arborea, nacida alrededor de 1347, no se sabe con certeza, año arriba o año abajo, dicen que en Molins de Rei, muerta en 1404 en Oristano (Cerdeña), de malaria . Heroína en Cerdeña, desconocida en España, al menos, poco nombrada.


Por aquel tiempo, Cerdeña, se dividía en cuatro giudicati, regiones autónomas (Logudoro, Gallera, Arborea y Calaris), cada giudicati comprendía a su vez varios “curatiore” y cada uno de estos curatiore estaba compuesto por varias villas.


El Guidicati se gobernaba por reyes o Giudici (jueces), elegidos por un parlamento, este parlamento, conocido con el nombre de Corona de Logu se formaba mediante la elección efectuada periódicamente por los hombre libres de cada “curatiore”. Visto esto, parece que nuestra “democracia” no es tan moderna.
Pues bien. Leonor era hija de Mariano IV de Arborea, elegido giudice en 1346 y Arborea era, por entonces, la única parte independiente de la isla.

Hubo una especie de alzamiento tipo republicano en 1383, muerto el padre de Leonor, contra su hermano, que fue el sucesor (la historia de Europa, en esta época es más compleja que algunos romances de los programas del corazón de hoy). Ahí, en el alzamiento, Leonor pone en juego sus dotes para la guerra, derrota a los rebeldes y se convierte en reina regente o Jueza de Arborea.


Claro, si tenía hijos, que una suele ser regente de sus vástagos, se supone que estaba casada y, sí, lo estaba, casada por su padre con un tal Brancaleone Doria, genovés y noble, boda apañada para fortalecer las alianzas locales.


El tal Brancaleone parece ser que no le fue fiel ni en lo privado ni en lo público, se le conocen hijos con alguna otra y, mientras Leonor aplastaba la rebelión interna, el buen marido estaba con el aragonés en las españas, para recibir una medalla, pero le salió mal y le apresaron. Encerradito estuvo mientras ella hacía historia.

Firmada la paz con el aragonés, esta señora de la que nada nos han contado quienes nos cuentan la historia, se dedicó a la elaboración de uno de los primeros códigos civiles que conocemos, la “Carta de Logu”, leyes obligatorias desde 1395 y que estuvieron en vigor, con pequeñas modificaciones, hasta prácticamente la unificación italiana en 1861.


Y ahí me han dado, que el tema me es cercano. Va y resulta que en ese cuerpo legal se protegía el derecho de propiedad de las mujeres ¡¡ en el siglo XIV!! . Señor, cuando aquí, en la época de mi madre, las mujeres no podían ni trabajar si se casaban.


Toda la carta tiene un sesgo liberal y demócrata que aún no hemos conseguido en algunos puntos, como el que la mayor parte de los delitos era castigado con penas de multa (hay otra gran mujer que trabajó mucho y duro por la abolición de las prisiones, pero ése será otro cantar), se reconoce el derecho del pueblo sardo a la libertad, la separación de bienes en el matrimonio y el derecho de la mujer a la nulidad del mismo en caso de malos tratos… casi nada.


Tanto estudiar las famosas Partidas del nuestro rey Alfonso a las que no les quito el mérito, por supuesto, pero ¿por qué nadie me habló nunca de La Carta de Logu?


Pues por si con eso no tuviera bastante, Leonor era aficionada a la ornitología y también promulgó algunas leyes para la protección de los halcones, dicen que gustaba de mirarlos cada tarde. Los ornitólogos han sido un poco más agradecidos que los historiadores o los leguleyos y le han puesto su nombre a un halcón: falco eleonorae.


En fin, una mujer, en tiempos aún más difíciles que éstos para la mujer, que se procuró ilustración y que ante la mala sombra que tenía su vida en lo que se supone que había (y aún se supone demasiadas veces que ha de ser la vida de una mujer, marido, hijos, familia, coser y cantar), tomó las armas, luchó contra el invasor y se la jugó jugando a ser guerrera, unificadora de su nación, jurista y ornitóloga.


Dicen que, además, era muy bella y si le fue mal en amores me atrevería a jurar que también era inteligente y sensible.


Una reina sarda (que bonito suena) que miraba volar a los halcones cada tarde, quizás pensando donde andaría el Brancaleone de marras, puede que llorando, pero que consiguió ensimismarse y posar su vista, su emoción y su idea en el halcón que estaba siendo exterminado y la mujer se puso a la faena de dictar leyes para proteger su anidación.


Me quedan cosas en el tintero, claro, pero prefiero hacerlo ya y hacerlo así, que si dejo pasar tiempo por hacerlo mejor, me temo que alguna otra cosa me venga a la cabeza.